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Vida… milagro y misterio, cálculo y poesía, a veces tibia, por lo general fría. Eres energía incontenible que en constante labranza, en el mismo surco que cosechas, tiras tus desechos.
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Vida… milagro y misterio, cálculo y poesía, a veces tibia, por lo general fría. Eres energía incontenible que en constante labranza, en el mismo surco que cosechas, tiras tus desechos.
Maestra vida, profesora implacable, ni justa ni vengativa, cuya ley es renovarte, creando sitio para poner lo nuevo; talando y destruyendo allí, naciendo y comenzando aquí, en regeneración continua, sin reparar en obstáculos.
Vida ciega para quien podría ser yo lo mismo una piedra, un animal o una planta; puedo sentirte injusta porque tengo conciencia y es ese mi castigo: sentir el furor de tu labranza que para esos otros pobladores en tu dominio son ley natural, ni juzgante ni dolorosa, parte del simple existir.
Interminable vida que late eterna en cuerpos transeúntes: comprender que simplemente eres; navegar en tu cresta cuando lo permitas, sin ser veleta de los elementos; saber balancear la carga y conservar el equilibrio y no caer; entender que eres más de lo que alcanzan a ver mis ojos y escudriñarte con decisión, aun gaste mi existencia en el intento; comprender que eres flujo continuo de picos y valles, y ser humilde para doblar las rodillas cuando implacable tus leyes me golpean, mas fuerte y combativo para no permanecer caído, y saber que soy eterno en ti aunque habites este mortal cuerpo, son las lecciones que con los años he aprendido.
Vida de transformaciones y mutaciones infinitas, ¡cuán gozoso es saber que aun cuando no insufles aire a mis pulmones, cuando no sean estos más que polvo; más allá del recuerdo, mucho más, no habrán terminado mis cambios y adaptaciones!